Esp | Eng

Una mujer del Mandela

Fotografías de Atilio Orellana

La cumbia y el mapalé resuenan entre las calles evocando a los antiguos cantos de los esclavos africanos. Para alguno de los habitantes del barrio Nelson Mandela el destino probablemente los haya esclavizado a la pobreza. Pero tienen fe en que el nombre del líder sudafricano les traiga paz y espíritu de lucha al hogar que fueron forzados a adoptar.

Moira es una de tantas personas, que en el año 2000, llegó a Mandela desplazada por grupos armados desde diferentes zonas de un país que es azotado por la violencia: Colombia. En el barrio viven aproximadamente 45.000 personas y el número sigue creciendo, puesto que continúa recibiendo oleadas de familias que, por diferentes razones, no tienen donde vivir.

A pesar de los vibrantes colores del barrio, los medios de comunicación solo alimentan la imagen negativa del lugar asociándola a la miseria y la acción delictiva, sin reconocer los procesos de organización y participación que se gestaron con la mezcla de costumbres urbanas y rurales. Sin embargo, sus habitantes le hacen frente a la pobreza con honestidad, dignidad y trabajo duro.

Moira Vanegas tiene 36 años, es madre soltera y tiene tres hijos, Catherine, Monis y Ángel David. Vive en una casilla de tan solo un par de metros cuadrados, en el barrio Nelson Mandela, por la que paga 30.000 pesos colombianos ( lo equivalente a U$D 15) mensuales. De su vida anterior, en el barrio Candelaria (Valle de Cauca, área metropolitana de Cali), solo pudo traer una foto de su hija mayor cuando era apenas un bebé, y una vieja foto de su juventud.

Las mujeres del Mandela suelen trabajar como empleadas domésticas o cuidadoras de niños en casas de familias del centro de Cartagena de Indias. El contraste con esta gran ciudad turística es insalvable. Las extensas horas de trabajo que demandan ese tipo de empleos no son una opción para Moira, que se resiste a dejar a sus hijos solos. Es así, que se decidió a vender sopa y arroz que prepara cada mañana en una cocina improvisada con maderas, dentro de un rancho abandonado a dos manzanas de su hogar. Muchos de los vecinos de Moira habitúan consumir su menú todos los días.

Moira no es sólo un sostén de su familia, madre y cocinera; es también un ejemplo de lucha, resistencia y supervivencia; una característica innata de los residentes del Barrio Nelson Mandela, quienes día a día intentan construir un puente hacia las oportunidades.

Por María Laura Brito

http://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/110_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/111_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/112_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/113_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/114_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/115_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/116_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/117_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/118_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/119_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/120_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/121_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/122_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/123_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/124_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/125_th.jpghttp://agenciazur.com/wp-content/uploads/2015/03/126_th.jpg
No hay PDF disponible.