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Tinku

Fotografías de Jeremías González

Tinku es una palabra quechua que significa "encuentro" y simboliza una tradición milenaria de combate y de reclutamiento de guerreros, pero en la actualidad adquirió dos nuevos significados: un conflicto de poder entre comunidades de la región y una expresión religiosa y cultural boliviana muchas veces cuestionada.

El poblado de Macha (provincia de Chayanta), en el altiplano boliviano y a unos 340 km de La Paz, recibe en promedio 3 mil bolivianos pertenecientes a más de 60 comunidades para revivir esta tradición ancestral que se festeja cada 3 de mayo. Si bien otras localidades celebran el Tinku, el de Macha es el más importante por ser la tierra de Tomás Katari, el cacique que en 1780 encabezó una guerrilla contra los españoles que resistió 109 días (hasta que el ejército doblegó a la resistencia masacrando mujeres y niños).

En este lugar, el encuentro se da entre los de arriba y los de abajo, “Alasayas” y “Majasaya”, los bandos opuestos que se enfrentan recreando los antiguos combates. En sí mismas, las preparaciones del Tinku son dignas de observar. El día anterior al festejo, los participantes cruzan el desierto como un río multicolor vestidos para la ocasión, al son de cantos que invocan fuerza y voluntad de batalla y oraciones, ya que ese día coincide con las festividades del Señor de la Cruz. Los sombreros y cascos, junto con las polainas parecieran ser obligatorias al igual que el uniforme de un soldado.

Cuando la caravana llega a destino primero se asiste a la misa y luego se da inicio a las celebraciones. Al ritmo del zapateo, los asistentes beben chicha, bebida de alto contenido alcohólico, por largas horas para amortiguar el cuerpo y desinhibir al luchador antes del enfrentamiento.

A golpe de puño, hombres, mujeres y niños se baten en el combate. Para algunos es solo un baile, un deber honorable; para otros una oportunidad de venganza por la muerte de algún familiar en un encuentro anterior. Lo único que importa es que el derramamiento de sangre sea suficiente para ofrendar a la Pachamama(madre tierra)y fertilizar los suelos. Por lo tanto no se trata de golpear al contrincante hasta la muerte, si no de dar vida.

Desde hace más de 600 años el Tinku sobrevive a los intentos de prohibición por ser una tradición que implica violencia. Sin embargo, el resurgimiento del orgullo indígena encarnado en el actual presidente de Bolivia, Evo Morales, presenta este ritual al mundo como una vigorosa expresión ancestral la cual debe ser respetada. Por lo tanto las autoridades han decidido reglamentar la práctica para asegurar la protección de sus ciudadanos: Sólo se puede competir con oponentes de igual tamaño y edad; los combates son a mano limpia y a puño cerrado; no están permitidas las patadas; la forma de golpear al contrincante es echando el brazo completamente hacía atrás para descargar todos los kilos de fuerza que se puedan. Cuerpos policiales se encargan de hacer cumplir las reglas y evitar los excesos.

La jornada concluye cuando hay un ganador. Los de abajo o los de arriba serán nombrados Ayllu, que implica un año de mando sobre el perdedor. De esta forma, el ideal de Yanantin, cosmovisión de complementariedad, se cumple una vez más cuando las mitades perfectas se unen en un acto ritual; se alegran, pelean, comparten comida y bebida, y fortalecen su unidad e identidad.

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