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Un encuentro de luchadoras

Texto de Mariana Rodríguez Fuentes
Fotografías: Atilio Orellana / Agencia ZUR

El 11 de Octubre de 2009, en San Miguel de Tucumán, Argentina, se llevó a cabo la marcha del XXIV Encuentro Nacional de Mujeres. Alrededor de 20 mil mujeres recorrieron las calles céntricas de la pequeña ciudad haciendo oír su reclamo por la despenalización del aborto y la aparición con vida de las desaparecidas por las redes de trata de personas, entre otras denuncias. Las iglesias que se encontraban en el recorrido de la marcha estaban valladas, rodeadas de fieles rezando a viva voz y protegidos, además, por la policía. La histórica oposición eclesiástica a la decisión de las mujeres sobre su cuerpo es una disputa que se hace explícita en éstos encuentros.

Desde 1986, en Argentina se realiza año tras año el Encuentro Nacional de Mujeres (ENM), una actividad que logra reunir durante tres días consecutivos a miles de mujeres de distintos puntos del país y Latinoamérica, para compartir, debatir y reflexionar sobre las problemáticas que las afectan; la premisa es que sea un espacio autoconvocado, autónomo y democrático. Además, tiene como antecedente directo a los grupos feministas de autoconciencia de los años 70, en los que mujeres se reunían para compartir sus experiencias de vida y así ganar confianza y autoestima en ellas mismas.

Actualmente, el ENM es una experiencia reconocida mundialmente por ser una actividad creada desde la genuina necesidad de sostener un espacio exclusivo de debate y reflexión; por la diversidad del movimiento de mujeres que representa, jóvenes, mayores, feministas, lesbianas, desocupadas, de pueblos originarios, trans; y por la masividad que alcanzó en los últimos años: hasta 35 mil mujeres pudieron darse cita en un mismo lugar.

Cientos de fieles de la iglesia católica se reunieron frente a las principales iglesias y catedrales de la provincia para rezar en contra del Encuentro Nacional de Mujeres. Atilio Orellana / Agencia ZUR

Entre algunos de los logros más significativos que impulsaron los ENM, se destacan la Ley de Patria Potestad, la Ley de Cupo y Cuota en partidos políticos, la Ley de Salud Sexual y Reproductiva, la conformación de las campañas nacionales por el “Aborto legal, seguro y gratuito” y “Ni una mujer más víctima de las redes de trata y prostitución”, que presentaron los proyectos de ley por la despenalización del aborto y la reforma de la ley de trata de personas, ambos a la espera de ser debatidos en el Senado. En momentos de tensión nacional, las mujeres del encuentro también se pronunciaron colectivamente al respecto, como fue el indulto a los militares genocidas en el año 1989, o la crisis política, económica y social del año 2001.

Sin embargo, el tono fuertemente político de este espacio, ha ganado a la Iglesia Católica como principal fuerza opositora y detractora que, férreamente, se opone a la denuncia más persistente y enérgica de los encuentros: la despenalización del aborto.

Una mujer protesta frente a la iglesia de San Francisco, durante la marcha del XXIV Encuentro Nacional de Mujeres.
Más de 3.000 policías de la provincia participaron del operativo de seguridad durante el Encuentro Nacional de Mujeres.
Dos mujeres se besan en apoyo a los derechos de la comunidad LGBT.

Se dice que hay un cambio en cada mujer que participa, pero esto también ocurre en las ciudades en donde se llevan a cabo los encuentros. Este cambio se siente y se ve en el momento de la marcha, cuando todas las participantes recorren las calles de la ciudad constituyendo una movilización multitudinaria con diversas consignas que hacen público y colectivo el sufrimiento individual de las mujeres. Los cantos al unísono, las gargantas con ecos de furia, las lágrimas y las risas, son emociones y sentimientos que se viven en ese momento.

El deseo de lucha de las que participan no tendrá límites, en tanto las opresiones y desigualdades de género continúen. Los veintiséis años de encontrarse lograron visibilizar problemáticas, fomentar la creación de nuevas leyes y obligar a actuar al Estado.

Cada año, todas juntas, y cada una desde su individualidad, renuevan su convicción de que no nacieron para quedarse en sus casas, que no son el sexo débil, o un objeto de deseo; saben que históricamente, organizadas, cambiaron lo que parecía ser el destino para las mujeres. Hoy, su historia necesita seguir escribiéndose, y ellas van por eso, con el cuerpo entero por esa lucha.

Una joven se manifiesta frente a la iglesia de San Francisco, en la capital de Tucumán. Atilio Orellana / Agencia ZUR