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Día de los muertos

Cobertura especial de Agencia ZUR

TODOS SANTOS EN BOLIVIA // MARCELO PEREZ DEL CARPIO

El Día de los Muertos es celebrado en muchos países de América Latina entre el 1 y 2 de Noviembre. Durante este tiempo se cree que las almas de los muertos regresan a la tierra de los vivos y por ello, la gente realiza ceremonias para recibir y acompañar al fallecido en su corta visita. En Bolivia se conoce mas como la Fiesta de “Todos Santos” o Mast´aku, que es resultado del sincretismo o mezcla de los ritos Incaicos prehispánicos que consistían en desenterrar a sus momias sumado a las tradiciones católicas españolas impuestas en la colonia. Coincide además que ambas costumbres ocurren en Noviembre.

Las preparaciones en Bolivia comienzan varios días antes con los arreglos y limpieza de las tumbas de los familiares a tiempo que se preparan bizcochos y panes especiales con figuras humanas, mas conocidos como “Tantawawas”, que se usan para decorar las “mesas” o los altares que por lo general tienen las frutas, comidas y bebidas que le gustaban al difunto, además de elementos simbólicos como coronas, escaleras y caballos de pan, que según la tradición, la escalera es por donde desciende el familiar y el caballo esta para acompañar al difunto en su viaje. El 1ro de Noviembre las mesas permanecen al interior de las casas, donde las familias y amigos rezan y se visitan entre ellos. Luego, el 2 de Noviembre, las mesas son desmontadas y trasladadas a las tumbas de los seres queridos para compartir y celebrar con ellos en el cementerio, antes de su partida. Es un día especial dedicado a compartir con las almas de los seres queridos fallecidos, donde además las familias se reúnen y fortalecen sus lazos afectivos.

Además de los familiares y amigos, existen bandas musicales que son contratadas ese momento para dedicar algunos temas populares y sonatas a los fallecidos y además, concurre gente (generalmente niños o personas mayores pobres) que rezan por las almas a cambio de la comida del altar o dinero, diciendo la frase “Que se reciba la oración”, a lo que la familia contesta “Que se reciba!”.

A esto se llama “Hacer Rezar”, y es una costumbre popular muy frecuente en estas fechas, pues según la tradición, no debe sobrar nada de la comida ofrecida en la mesa.

La celebración tiene diferentes matices en la ciudad y en el área urbana. En El Alto (donde se realizaron las fotografías), los cementerios mas concurridos son los de Villa Mercedario, Villa Ingenio y Tarapacá. Según estadísticas, estos tres recintos reciben alrededor de 400 mil visitantes por año, sin contar la gente que acude a cementerios clandestinos u otros de sus pueblos de origen en el altiplano.

De este modo, una vez al año los cementerios rebasan de gente, creando una atmósfera muy peculiar entre pena y alegría, que se genera en torno a esta celebración a los muertos del mundo andino.

ALTARES DE NAOLINCO // LUJAN AGUSTI

El altar de muertos es una pieza fundamental en las tradiciones mexicanas del Día de Muertos. Es una construcción resultado del sincretismo mexicano (la fusión de las culturas prehispánicas con el catolicismo), que consiste en crear un altar en los hogares, en honor a los fallecidos de cada familia; ofreciéndoles diferentes alimentos, bebidas, pan de muertos, veladoras, flores y objetos que fueron preferencia del difunto.

Suele estar enmarcado por rama tinaja, siempre llevan agua, sal y la flor de muertos (zempasuchil) con la que se hace un camino desde la entrada hasta el altar, para guiar a los muertos cuando llegan. El día 2 de Noviembre a las 00 hs los miembros de la familia aguardan frente al altar la llegada del difunto. La creencia popular dice que después de comidos por los muertos, los alimentos pierden su sabor.

Estas son fotografías de los diferentes altares creados en el pueblo de Naolinco, ubicado en el Estado de Veracruz. Este pueblo es particularmente conocido debido a que la gente abre sus puertas a todo aquel que quiera pasar y ver el altar. Los altares son variados, grandes, pequeños, humildes u ostentosos. Se pueden encontrar tanto en las casas de ricos, como de pobres, ya que frente a la muerte no hay diferencias sociales.

CEMENTERIO DE FLORES // VERONICA BELLOMO / ADRIAN PEREZ

Hay quien dice “LLevarás tus costumbres a donde vayas y no te sentirás lejos”. Los migrantes bolivianos en Buenos Aires lo cumplen cada 2 de noviembre, cuando celebran el día de los muertos en el cementerio del barrio de Flores, Buenos Aires. Pancitos, guirnaldas, flores, coronas y dulces, como obsequios, adornan las tumbas de sus seres queridos.

La preparación de la tumba y su embellecimiento es un rito que se celebra y disfruta. Algunas familias no quieren que les saquen ninguna foto... hasta que no esté todo listo. Ahí se come y se reza, se comparte el día entero con el familiar querido muerto; se le ofrece bebida regando la tierra y es parte de la ofrenda llevarle su comida preferida.

La familia Villca, como cada 2 de noviembre, se acerca a la tumba de Vicenta Aguirraya Caballero. Sus seis hijos junto a sus tías y demás allegados se reúnen y toman gaseosa, mascan hojas de coca y comen en honor a la difunta. Varias horas pasan ahí, juntos, como lo harían en una reunión familiar, solo que esta vez la cita es en el cementerio. Risas, llantos y anécdotas la recuerdan y la mantienen viva a través de la memoria.

Los parientes de Vicenta no son los únicos esta tarde: como desde los tiempos coloniales, en la Argentina reside la comunidad boliviana más numerosa del mundo. Muchos son los “dolientes” que van de visita ese día. Las colas para entrar superan los 200 metros y la circulación puede tornarse difícil en algunas zonas.

Curas, rezadoras, hasta músicos dan vueltas por el cementerio. El sacerdote Jorge, de la Parroquia Virgen Inmaculada de Lourdes, junto a otros hombres de sotana se acerca a los Villca: les dice que la vida no termina en esta tierra, y que Vicenta “sigue viviendo con Dios”.

También están las oradoras que se ofrecen rezar con ellos para elevar el alma de la señora. De fondo se escucha el sonido de una trompeta, un artista dispuesto a sumar el bronce al rito.

Las bandas de música, la chicha y los cajones de cerveza ya no son otro clásico de la celebración del Día de los Muertos, desde que las autoridades del cementerio las prohibieron e incluso restringieron los horarios de visita.

DIA DE VISITA // ATILIO ORELLANA

El 1 y 2 de noviembre se celebra el Día de los Muertos para honrar a los difuntos en coincidencia con el Día de Todos los Santos.

En Argentina, el día de los muertos fue quitado del calendario por la última dictadura militar (1976 - 1983). Actualmente esta celebración está dedicada a los difuntos con el objetivo de apaciguar las almas mediante la visita a los cementerios, llevando flores - por lo general artificiales - y ofrendas, la limpieza de los monumentos, y en algunos casos pintándolos en honor a los difuntos. Según la tradición, las almas de los muertos regresan del más allá el mediodía del 1º de noviembre, para retornar al día siguiente.

Esta festividad trae consigo cientos de leyendas y mitos. En el Cementerio de de Cevil Pozo, en el departamento de Cruz Alta, se encuentra el monumento de Manuel Carvallo, quien era un hombre que, según dicen, murió asesinado cuando era joven. Su cuerpo fue encontrado en una acequia por un grupo de monjes que decidió llevarlo para darle santa sepultura en la capilla, cerca de la entrada principal del cementerio. Mucha gente, y especialmente los jóvenes, creen que "Carvallito" es milagroso, por lo cual su monumento está lleno de ofrendas, flores y velas encendidas; convirtiéndolo en uno de los monumentos más visitados.